La sincronía de los horarios
El organismo responde con agradecimiento a la regularidad horaria. Acostarse y despertarse aproximadamente a la misma hora todos los días consolida la fase de ondas lentas y la fase REM del sueño, estabilizando los niveles diurnos de energía y mitigando el estrés adaptativo.
La noche comienza horas antes
Lo que hacemos a las siete de la tarde determina cómo dormiremos a medianoche. La cafeína consumida después de las 15:00 horas puede permanecer en el torrente sanguíneo con una vida media de hasta 6 horas, bloqueando los receptores de adenosina en el cerebro e impidiendo la llegada de la somnolencia natural.
Uso de pantallas y luz azul
Los fotorreceptores retinianos que contienen melanopsina son extraordinariamente sensibles a las longitudes de onda azul emitidas por smartphones y pantallas de televisión. Cuando miramos el móvil en la cama, nuestro cerebro interpreta que es mediodía e inhibe la secreción de melatonina pineal, retrasando el sueño hasta dos horas.
Conexión entre descanso y metabolismo
Dormir mal altera la sensibilidad a la insulina y eleva los niveles de grelina al día siguiente, induciendo apetito por carbohidratos refinados. Por el contrario, un descanso regular y profundo constituye el cimiento más sólido para que cualquier esfuerzo en alimentación y movimiento rinda sus frutos de forma natural.